Fondos de inversión, fondos de capital riesgo, vehículos de crédito privado y otras formas de intermediación han ganado peso en la financiación de la economía. La creciente relevancia de los intermediarios financieros no bancarios es generalizada. Se observa sobre todo en Estados Unidos, pero también en Europa. En España, el sector financiero no bancario (NBFI) gestiona aproximadamente un tercio del sistema financiero. El conjunto formado por los fondos de inversión, las aseguradoras y el capital riesgo mueve alrededor de 1,6 billones de euros. Los activos de las NBFI superan los 400.000 millones de euros, lo que equivale a aproximadamente un 7,2% del sistema financiero total y cerca de un 28% del agregado de activos financieros.
Esta tendencia en crecimiento está planteando retos regulatorios y por ello el sector lleva tiempo advirtiendo de la necesidad de una regulación proporcionada y coherente. Las demandas de los expertos están generando un debate sobre regulación y riesgo sistémico.
Por un lado, los intermediarios financieros diversifican las fuentes de financiación y reducen la dependencia bancaria (alrededor del 75% de la financiación empresarial depende del sector bancario en Europa). Aún más en el caso de las pequeñas y medianas empresas.
Por otro lado, estas NBFI operan con marcos regulatorios distintos, a veces más flexibles o menos acotados. Esto puede incrementar el riesgo sistémico y los arbitrajes regulatorios.
El caso de las aseguradoras es particularmente relevante dentro del segmento NBFI, al contribuir a mitigar significativamente la incertidumbre. Son una figura clave para que la actividad económica y crediticia se desarrolle con estabilidad.
Las compañías de seguros actúan como inversores institucionales, canalizando el ahorro hacia los mercados de capitales y dando estabilidad al sistema. Las reservas de las aseguradoras (primas que aún no han pagado en indemnizaciones) se invierten en deuda pública, renta fija y variable. Son indispensables en la financiación de empresas y Estados.
Perspectiva europea 2026: regulación intensiva e inversión extranjera
El sector financiero no bancario representa cerca del 42% del total de los activos del sistema financiero europeo. Alcanza una valoración superior a los 50 billones de euros. El sector representa ya cerca del 34% de los activos gestionados en Europa. Comienza a rivalizar en tamaño con la banca tradicional.
Este año se observa mayor foco en la regulación en los segmentos financieros no bancarios. Aún así, todavía no cuentan con un marco plenamente integrado que se equipare al de la banca tradicional. Lo que ocurre es que, mientras las autoridades impulsan la supervisión para mitigar el riesgo sistémico, el sector reclama simplificación. Especialmente de cara a proteger la inversión extranjera.
Entidades como la Comisión Nacional del Mercado de Valores y diversos informes de la industria señalan que una regulación excesivamente rígida en Europa frena la innovación y restringe la capacidad de financiación alternativa que las pymes necesitan para crecer.
La falta de un entorno de capital riesgo desarrollado en la Unión Europea y la variación en los mercados de capitales entre distintos países están generando mayores costes de financiación y mayor ineficiencia en la asignación de capital. Por otro lado, la participación de los inversores minoristas de la zona del euro en los mercados de capitales sigue siendo limitada. Ello añadido a que crece la inversión mundial pero, muy importante, no la productiva. Asimismo, una parte sustancial del ahorro europeo se invierte fuera de la Unión.
Todo ello resulta en una falta de oportunidades para los inversores en los mercados nacionales. Pero también en una serie de dificultades que las empresas de la UE encuentran para obtener financiación, especialmente en el sector tecnológico. Todo ello afecta a las perspectivas económicas globales en 2026.
La principal demanda del sector bancario: simplificación para el crecimiento
El informe “Banca para una Europa más fuerte: Simplificación, integración y competitividad”, elaborado por EY, plantea ocho medidas que supondrían un aumento superior a los 2 billones de euros de nueva capacidad de financiación del sector bancario en Europa.
El estudio prevé que la aplicación de estas medidas podría lograr un crecimiento del PIB de la eurozona del 2,7 % (+3,4 % en España) y la creación de 2 millones de empleos en Europa (300.000 en España).
Entre las medidas propuestas, destaca el desarrollo de una Unión de Mercados de Capitales, con un impacto de entre 45.000 y 120.000 millones de euros. Y, más importante aún, la finalización de la Unión Bancaria, que aportaría entre 40.000 y 115.000 millones de euros al año en el PIB de la Unión Europea.
Al respecto de la Unión Bancaria, los expertos consideran que no completar este mecanismo condiciona decisiones estratégicas. Sobre todo por la ausencia de un sistema plenamente mutualizado de garantía de depósitos. El sector considera que esta situación:
- Introduce asimetrías en el tratamiento del riesgo.
- Desincentiva las operaciones transfronterizas.
- Refuerza la lógica nacional en la gestión bancaria.
Los expertos señalan que, mientras no se avance en este ámbito, la integración financiera europea seguirá estando incompleta.
Debate abierto en Europa sobre la regulación del sector financiero
El debate sobre la regulación de las entidades financieras no bancarias tanto en España como en Europa se centra en la asegurar la estabilidad del sistema.
La Comisión Europea promueve la competitividad financiera mediante iniciativas de simplificación normativa y de racionalización de los requerimientos de información. Sin embargo, el sector considera que estos avances son lentos y parciales. Y más grave aún, que la carga regulatoria aumenta debido a la superposición de normas, guías supervisoras y exigencias de nivel operativo.
Todo ello ha desencadenado numerosos intentos de simplificación administrativa en Europa. Esta dinámica condiciona la rentabilidad estructural de la banca europea y su capacidad para competir globalmente, especialmente frente a entidades estadounidenses.
En este contexto de demanda y debate, Europa enfatiza la necesidad de la anteriormente mencionada Unión de Mercados de Capitales (UMC).
España: el decisivo papel de la inversión extranjera
En nuestro país el desarrollo de la «banca en la sombra» (shadow banking o BIS por sus siglas) es significativamente menor que en otros mercados financieros. Se sitúa por debajo de los valores registrados en el conjunto de la zona euro (51%), Reino Unido (49%) o Estados Unidos (63%).
Sin embargo, la proyección es de crecimiento, ya que los expertos consideran que la regulación estricta del sector bancario tradicional ha provocado que una parte de la financiación fluya hacia el sector NBFI.
España depende fuertemente de la inversión externa, ya que un porcentaje muy alto de su deuda pública y corporativa está en manos de inversores no nacionales.
En el caso del sector financiero no bancario, los inversores extranjeros poseen una parte significativa de la deuda pública (cerca del 50%). Estos inversores foráneos conceden cada vez más financiación directa a empresas españolas. Por ello, se trata de evitar la retirada significativa de liquidez por parte de estos intermediarios extranjeros. El sector considera que esta situación podría suponer un riesgo sistémico para la estabilidad financiera.
La banca española cuenta con solvencia, rentabilidad y una estructura operativa eficiente. Sin embargo también enfrenta retos como la normalización del crédito y del coste del riesgo, la presión sobre márgenes, las exigencias tecnológicas y los riesgos operativos. Se requieren estrategias basadas en especialización, tecnología e internacionalización selectiva. Aunque la Inteligencia Artificial sea un factor clave de productividad y eficiencia, también es una fuente de nuevos riesgos operativos, éticos y de gobernanza. La ventaja competitiva residirá en la capacidad de integrar la tecnología de forma escalable, segura y económicamente rentable. Para las autoridades económicas y regulatorias, el reto será facilitar este ajuste sin comprometer la estabilidad financiera.



