El sistema eléctrico europeo se encuentra en un proceso de transformación estructural impulsado por la transición energética. La Unión Europea busca adaptar el sistema a una red dominada por fuentes de energía limpias, mediante el impulso al almacenamiento y la flexibilidad de la red, dos mecanismos básicos para responder a las nuevas necesidades. Y es que el crecimiento de la energías renovables requiere grandes cambios en el sistema eléctrico, debido sobre todo al componente de variabilidad de factores meteorológicos y ciclos naturales involucrados en la producción.
Así, la necesidad más acuciante es incorporar mecanismos que puedan gestionar eficientemente los desequilibrios temporales entre generación y consumo. Se trata de encontrar formas de desacoplar ambos, pudiendo almacenar energía cuando existe excedente… y liberarla cuando el sistema lo necesita.
En este escenario, una de las variables más determinantes es el almacenamiento de energía. En los últimos años, el almacenamiento de electricidad solar en baterías (BESS) está adquiriendo un papel cada vez más relevante, como ya vimos en un artículo anterior.
Pero además de los BESS, existen también los mecanismos físicos de almacenamiento a gran escala, los sistemas térmicos, la conversión a otros vectores como el hidrógeno… y las estrategias de gestión activa de la demanda, otra variable fundamental en la ecuación.
A medida que aumenta la penetración de energías renovables y crece la electrificación de la economía, las necesidades de flexibilidad del sistema son cada vez mayores y exige la implementación de estos nuevos mecanismos.
Sin embargo, no todo depende del desarrollo tecnológico. También los avances en materia contractual son importantes:
- Contratos Bidireccionales por Diferencia o CbD: aseguran ingresos estables a los productores de renovables y devuelven los excedentes a los consumidores cuando los precios suben. Fomentan la inversión pública y privada.
- Acuerdos PPA y otros contratos a largo plazo: ofrecen certidumbre de precios frente a las fluctuaciones del gas. Facilitan el acceso de la industria a acuerdos seguros de compra de energía.
Por último pero no menos importante, todo lo anterior debe ir de la mano de una regulación diseñada para definir el nuevo paradigma del sistema eléctrico.
En los tres ámbitos (mecanismos/estrategias, contratos, regulación) está trabajando la Unión Europea, aunque con grandes diferencias de unos países a otros.
Los sistemas de gestión activa de la demanda (DSR)
Los mecanismos de respuesta de la demanda (conocidos en inglés como Demand Side Response o DSR) son herramientas de flexibilidad que permiten a los consumidores modificar su consumo eléctrico en respuesta a señales de precios o peticiones del sistema. Sirven para equilibrar la red ante la intermitencia de las energías renovables.
Las normativas comunitarias de mercado interior de la electricidad y los códigos de red de la ACER (Agencia de Cooperación de los Reguladores de la Energía) fomentan su desarrollo, mediante:
- Códigos de red específicos.
- Directivas para incorporar a agregadores independientes
Estos sistemas están implementados en la mayoría de los países de la Unión Europea bajo distintas fórmulas:
- DSR explícitos: los usuarios reducen o aumentan su carga a cambio de una retribución directa en los mercados de servicios de balance o ajuste.
- DSR implícitos: los consumidores adaptan sus hábitos guiados por tarifas con precios dinámicos u horarios (discriminación horaria).
En España se denomina Servicio de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD). Es una palanca fundamental para la transformación del sistema eléctrico del país, junto con las nuevas regulaciones que revisamos más adelante.
El Servicio de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD) en España
El sistema eléctrico español avanza hacia una mayor participación de recursos de flexibilidad en los mecanismos de balance. El SRAD es uno de los más relevantes.
Permite a determinados consumidores o agregadores ofrecer una reducción de consumo eléctrico cuando el operador del sistema necesita equilibrar generación y demanda. Este servicio se activa en situaciones en las que es necesario reforzar las reservas operativas del sistema o evitar desequilibrios que puedan comprometer la estabilidad de la red.
Los usuarios del mecanismo reciben una compensación por su disponibilidad para responder al requerimiento del operador y por las activaciones efectivas del servicio.
Tradicionalmente, estos mecanismos han estado dominados por grandes consumidores industriales con capacidad para ajustar su demanda energética de forma significativa. Sin embargo, la digitalización del sistema eléctrico y la aparición de nuevas tecnologías energéticas amplían las posibilidades de participar en este tipo de servicios.
Todo se adapta a la transformación del sistema, incluso el acceso a la red, que en nuestro país se actualizó mediante un nuevo modelo de concurso de acceso a la red eléctrica.
Pero todo cambio en las infraestructuras y su funcionamiento requiere de normas oficiales específicamente diseñadas para su implementación.
Nuevo marco regulatorio del sistema eléctrico nacional
En España, el crecimiento de la generación de energía renovable —especialmente solar fotovoltaica— está modificando la dinámica tradicional del sistema eléctrico, históricamente basado en generación centralizada y gestionable.
En respuesta a la necesidad de superar la rigidez del sistema, se desarrollan normas para la optimización de la integración de las nuevas demandas industriales y renovables. Actualmente, el Real Decreto-ley 7/2025 conforma el nuevo marco regulatorio que impulsa la flexibilidad, resiliencia y estabilidad de la red. Este decreto recuperó y consolidó el contenido del inicial Real Decreto-ley 7/2025, tras no ser convalidado en el Congreso.
Real Decreto-ley 7/2025
Introduce medidas destinadas a reforzar la resiliencia y seguridad del sistema eléctrico, respondiendo a la necesidad de adaptar el sistema eléctrico a un escenario de mayor electrificación de la economía y creciente penetración de energías renovables.
Entre sus principales objetivos se encuentran:
- Mejorar la estabilidad del sistema.
- Fortalecer la supervisión de su funcionamiento.
- Facilitar la incorporación de nuevas tecnologías capaces de aportar flexibilidad.
El almacenamiento energético pasa a ser un elemento estratégico en la gestión del sistema eléctrico. El marco regulatorio reconoce su capacidad para contribuir a la integración de renovables, reducir restricciones técnicas en la red y mejorar la seguridad de suministro.
Asimismo, el decreto introduce medidas orientadas a facilitar el desarrollo de proyectos híbridos que combinan generación renovable y almacenamiento. Estas iniciativas están adquiriendo cada vez mayor relevancia en los nuevos desarrollos energéticos.
Antecedente: Real Decreto 997/2025
Profundizaba en la modernización del sistema eléctrico estableciendo una serie de ajustes técnicos orientados a adaptar la regulación a la nueva realidad energética. Los cambios buscaban facilitar la integración de nuevas tecnologías energéticas y mejorar la coherencia del marco regulatorio en un entorno cada vez más descentralizado. Derogado en Congreso, el testigo fue tomado por el Real Decreto-ley 7/2025.



