Tradicionalmente, las regiones más productivas de la Unión Europea han sido las situadas en el norte del continente. Sin embargo, la mejora de la productividad española reflejada en el informe Observatorio de Productividad y Competitividad en España muestra dos hechos importantes:
- Por un lado, un crecimiento de la productividad española confirma que el país sale de un largo ciclo de baja productividad.
- Por otro lado, un cambio de tendencia a nivel europeo: las economías más productivas están bajando su nivel, en favor de los países del sur de la eurozona.
Estas dos conclusiones se complementan con otras acerca de los grandes retos y también las oportunidades que se presentan en nuestro país para que se pueda afirmar la senda del crecimiento económico y vencer las barreras que a día de hoy aún lo frenan.
La productividad española invierte su tendencia
Tras décadas de estancamiento o incluso retroceso, el índice PTF (Productividad Total de los Factores) en España ha crecido a un ritmo anual del 1,4% desde el año 2020, ampliando su contribución al crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) nacional.
El indicador de referencia en materia de productividad señala como motivo del crecimiento la mejora de márgenes en algunos sectores clave de la economía y el incremento del empleo en sectores de mayor valor añadido.
El citado informe, que publica el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas y la Fundación BBVA, resalta que la economía está creciendo por encima de la media europea.
De hecho, el PIB per cápita español es el segundo que más ha aumentado desde la pandemia entre los países europeos más avanzados. Lo hace a un ritmo del 3,78% anual. En cabeza se encuentra Italia, con un 3,87%. La media europea es 2,42%.
La creación de empleo, con un 11,7% más de ocupados entre 2020 y 2024 (2,4 millones más de trabajadores), así como esta mejora en eficiencia productiva forman parte de los factores que explican los buenos resultados.
Según los expertos del estudio, los fuertes desequilibrios de la economía mundial en estos últimos años están teniendo por ahora un efecto limitado en la trayectoria de nuestro país. De hecho, España sobresale en medio de un escenario de estancamiento en la Unión Europea, como comentamos en el apartado siguiente.
Cambios de tendencia en la Unión Europea
En un artículo anterior, ya profundizamos en el buen momento para la economía del sur de Europa. La productividad se suma a otros indicadores de esta tendencia. Los retrocesos de la productividad en países como Alemania (-0,3%) y Francia (-0,6%) son llamativos, al formar parte de los que tradicionalmente son líderes en productividad.
Por el contrario, en España, según el Observatorio de 2025, la productividad total de los factores creció casi un 2% en 2024 (último año completo disponible) frente a la reducción del -0,7% de la media europea.
Además, desde 2020, ha aumentado a un ritmo medio del 1,4% anual, la tasa más elevada desde 1995. Por el contrario, se estanca en el 0% en la Eurozona.
Aun así, hay otras variables estructurales que mantienen a España por debajo de sus vecinos en la Unión Europea. Sin embargo, pese a que la economía de España adolece de falta de impulso cíclico, este cambio de tendencia en la productividad podría ayudar a que el crecimiento fuese más estable en el medio y largo plazo. Para ello será necesario mantener la mejora de la productividad, mediante la creación de empleo de calidad. Solo así se podrá mantener el crecimiento y compensar los efectos negativos acumulados.
El sector del seguro, entre los más productivos
Desde 2020, los sectores más productivos en España incluyen la Industria (alimentaria, farmacéutica y química), la Información y Comunicaciones, las Actividades Financieras y el sector asegurador, como ya comentamos en un artículo anterior sobre el actual mercado de primas de seguros. También Turismo y Restauración, como suele ser habitual.
Uno de los mercados con más potencial en Europa es precisamente el español, debido a razones demográficas. El envejecimiento poblacional y la mayor esperanza de vida motivan el crecimiento de la demanda de seguros de salud, ahorro y pensiones.
Por otro lado, nuestro país aún presenta una baja implantación del mercado de los seguros. Esto supone un amplio margen de crecimiento, especialmente en ramos como seguros de daños y vida. Otros que previsiblemente tendrán un buen crecimiento anual son los seguros de responsabilidad y caución.
Sin embargo, España aún está lejos de los niveles de gasto per cápita de otros países europeos, como Alemania, Reino Unido o Francia.
A nivel europeo, la productividad del sector seguros es estable y crece impulsada por la digitalización, la diversificación (seguros integrados) y la creciente demanda en salud y ahorro. Los segmentos no vida presentan un buen desarrollo en general, aunque varía por países.
Áreas de mejora y principales oportunidades
En los últimos cuatro años, la gran mayoría de los sectores de actividad han mejorado su eficiencia productiva. Pero no uniformemente: mientras mejoran los sectores de mercado; en los sectores de no mercado (educación, sanidad, servicios sociales públicos y privados, sector inmobiliario y Administración pública) la productividad apenas mejora.
Las actividades de mayor nivel tecnológico son en gran medida organizaciones altamente productivas. Pero la desaceleración de las exportaciones españolas de bienes a partir de 2022, sobre todo en el sector automovilístico, impactan negativamente. En cambio, sectores como la industria química y farmacéutica o de alimentación contrarrestan la balanza con su progreso y crecimiento.
El informe concluye que la mejora en el crecimiento español, basado ahora también en el aumento de productividad, permite avanzar en la convergencia hacia el PIB por habitante de la Unión Europea, aunque todavía se sitúa un 18% por debajo.
Según el informe, la reducción en la tasa neta de creación de empresas en todos los sectores de actividad se debe en gran medida a las microempresas y en parte también a las pequeñas empresas. Por ello, el informe recomienda fomentar el dinamismo empresarial y reforzar las competencias de la población para consolidar los avances en productividad.
En este sentido, los autores han señalado que el desarrollo de la Inteligencia Artificial puede impulsar la productividad si se acompaña de inversiones en activos intangibles, como la dedicación de recursos por las empresas a la formación de los trabajadores y empresarios, para aprovechar el potencial de la IA, siempre con el foco en el progreso.



