El informe de la Agencia Internacional de Energía Ampliación de la financiación de la transición detalla cómo impulsar la inversión en la transición a la energía limpia. Para alcanzar los objetivos climáticos y de sostenibilidad actuales, se requieren reducciones significativas de las emisiones de los sectores, empresas y países con mayor huella ambiental en términos de emisiones. Sin embargo, muchas medidas que podrían ser decisivas encuentran serias dificultades para conseguir la financiación adecuada. Por eso son tan relevantes las finanzas de la transición ecológica.
El interés en la financiación para la transición ha aumentado en los últimos años, y lo seguirá haciendo. Esto es debido en gran parte a la creciente preocupación por la seguridad energética y la reducción de emisiones.
La necesaria actuación de países y sectores más intensivos en emisiones
El éxito de la contienda sostenible dependerá en gran medida del grado de implicación de los sectores, las empresas y los países con las más altas emisiones.
Sin embargo, las inversiones que podrían generar reducciones significativas de su huella ambiental suelen encontrarse aún todavía con el obstáculo decisivo de la falta de apoyo financiero.
Actualmente, la financiación se centra principalmente en varios activos y actividades verdes. Pero, si bien las finanzas verdes tienen una relevancia indiscutible, no pueden por sí solas generar todos los cambios necesarios para reducir las emisiones globales. Y aún menos si se trata de aquellas zonas o actividades donde las tecnologías limpias aún no están disponibles comercialmente o no son competitivas en costes.
Las finanzas de la transición ecológica pueden ayudar a los países, las empresas y los sectores con altas emisiones a poner en marcha prácticas sostenibles alineadas con los objetivos climáticos y de desarrollo a largo plazo.
Si bien los flujos actuales siguen siendo modestos, se estima que podrían movilizarse entre 400.000 y 500.000 millones de dólares anuales durante la próxima década. Así se lograría complementar los resultados de la financiación verde, con especial foco en los sectores y regiones donde las emisiones son más difíciles de reducir.
Industrias más determinantes en la transición
El citado informe de la AIE analiza el escenario actual de la financiación para la transición, incluyendo análisis profundos de tres sectores con un potencial especialmente llamativo:
- Minerales críticos: financiar nuevos proyectos (y desbloquear los existentes que están esperando financiación) que amplíen las cadenas de suministro de energía limpia y al mismo tiempo mitiguen riesgos ambientales más amplios.
- Gas natural: acciones para reducir las emisiones de metano, disminuir la huella de carbono de la licuefacción y permitir la flexibilidad del sistema bajo planes transparentes y con plazos determinados, alineados con las estrategias nacionales de descarbonización.
- Cemento y acero: cómo apoyar medidas provisionales como la eficiencia energética, la recuperación de calor residual y la producción con bajas emisiones, antes de decisiones cruciales de reinversión para 2035.
El estudio recalca que, para garantizar resultados significativos, es necesario ampliar los flujos financieros de las economías avanzadas a las economías emergentes y en desarrollo.
Pero también es indispensable la cooperación entre gobiernos, entidades financieras y el sector privado. Todo ello podrá evitar la fuga de carbono financiera y la superación de los grandes retos mundiales.
La eficiencia, condición indispensable
Con el aumento del 60% en el consumo de energía estimado para 2030, la eficiencia es crucial para la consecución de los objetivos globales en reducción de emisiones de carbono.
Impulsado en gran medida por el creciente uso de electrodomésticos, el consumo energético se enfrenta a un reto a medio plazo. En este escenario, la eficiencia energética es fundamental para reducir costes, mejorar la seguridad energética y frenar las emisiones.
Son necesarias políticas bien diseñadas, como las normas mínimas de desempeño energético (MEPS) y las etiquetas energéticas. Estas pueden reducir a la mitad el consumo de energía. Por ejemplo, en América Latina, países como Brasil y México han estado implementando políticas de eficiencia desde la década de 1980, y hoy en día alrededor de dos tercios de la región han adoptado MEPS y etiquetas. Una implementación más estricta podría ahorrar casi 40 TWh de electricidad de los electrodomésticos para 2030.
Prioridades de una transición verde y rentable
Según la ONU, la inversión global en energía limpia alcanzó los dos billones de dólares, superando en 800.000 millones a los combustibles fósiles. China destaca como el principal motor de esta expansión. Solo en el primer semestre de 2025, el país asiático representó el 43% del crecimiento en generación solar y el 44% del incremento eólico a nivel global.
La organización señala cinco prioridades para el éxito de la transición:
- Desbloquear financiamiento a gran escala, especialmente para los países en desarrollo: hay países como África que reciben actualmente una mínima inversión, en este caso solo el 2% de la inversión mundial en energía limpia.
- Alinear leyes y políticas con una transición justa.
- Eliminar subsidios a los combustibles fósiles.
- Invertir en redes eléctricas, almacenamiento y eficiencia.
- Poner a las personas en el centro, apoyando a trabajadores y comunidades.
Aunque el ritmo y la trayectoria de cada país serán distintas, el destino debe ser el mismo: cero emisiones netas mundiales, en primer lugar. En segundo, alcanzar las emisiones negativas. Todo ello mediante el impulso a las energías renovables.
La ONU también insiste en la necesidad de transformar “la necesidad climática en oportunidad de desarrollo”.
Según la organización, las energías renovables son ahora la fuente más barata de nueva electricidad en casi todos los países. En palabras de su secretario general, cada dólar invertido en renovables genera tres veces más empleos que en los combustibles fósiles.
Los países están de acuerdo en llevar a cabo una transición ecológica que los aleje del uso de los combustibles fósiles. También que los lleve a triplicar la capacidad renovable y duplicar la eficiencia energética para 2030.
Sin embargo, incluso cumpliéndose estos compromisos, el planeta sigue encaminado hacia un aumento de temperatura superior a los 2 grados. Por tanto, la lucha contra el cambio climático seguirá siendo una prioridad a nivel global en los años venideros.



